Las aguas del Mediterráneo bañan, de nuevo, la mayor parte de nuestra ruta, la cual transcurre bajo el sol de Levante. Una continua sucesión de playas, calas y ensenadas se prolongan, hacia el norte, en atractiva fusión. Importantes aprovechamientos turÃsticos se distribuyen por una costa que, pese a todo, conserva en la mayor parte de su espacio el carácter agreste y natural. TodavÃa hoy, inmersos en el turismo de masas, podemos encontrar en nuestra ruta, escondidas playas a las que sólo es posible acceder a pie o en apacible paseo en barca. En ellas, la práctica del naturismo se integra armoniosamente con el entorno virgen, resultando un hecho normal, nada discordante.
El origen de la ruta se sitÃa en la villa marÃtima de Carboneras. Para llegar hasta allÃ, tomaremos en AlmerÃa, la AutovÃa del Mediterráneo, en dirección Murcia, para abandonarla cuando anuncie este destino. El acceso hacia el mar, atraviesa una parte del Parque Natural MarÃtimo-Terrestre de Cabo de Gata-NÃjar que, en su extremo septentrional, tiene su lÃmite en la próxima Punta del Santo, aunque el área de Carboneras queda excluida de su protección.
El relieve tabular de La Mesa de Roldán, resalta en el horizonte, anunciando la pronta visión de las azules aguas que bañan Carboneras. Antes de llegar a la localidad, las altas dimensiones de la central térmica de Endesa y la fábrica de cemento, chocan en nuestras retinas, no acostumbradas en estas tierras, a los inmensos artificios del hombre. Al acercarnos a su paseo marÃtimo, descubrimos el muelle pesquero, que de reciente construcción, protege la tradicional flota pesquera de la localidad. Si elegimos bañarnos en algunas de sus playas, podremos optar entre Los Coscones, El Lancón, Carboneras, La Marinica, Torrevieja y La Salinicas. Pero si quieren disfrutar de una playa verdaderamente virgen, no lo duden. Tomen el vehÃculo y dirÃganse hacia el sur. Al llegar al punto de información de Mesa Roldán, podrán dar un agradable hacia La Playa de los Muertos. Optamos por seguir el sendero que desciende, entre arbustos, a un pequeño mirador natural y aún más abajo, hasta llegar a una de las playas más hermosas de la zona.
Tras disfrutar de ella, dispongámonos a volver a Carboneras para continuar con la ruta.
Una vez en el pueblo, no debemos abandonarlo sin visitar el castillo de San Andrés, germen y nacimiento de la localidad, allá por el siglo XVI.