De nuevo el RÃo Andarax se convierte en hilo conductor de la ruta. Sorteado por una profusa cuenca de vegetación incomparable iremos remontando el curso fluvial para admirar el poblamiento de sus márgenes. Tan atractivo entorno atrajo la atención de las culturas prehistóricas que encontraron en estas vegas idóneos asentamientos que podremos conocer dentro de un momento. Prepárese, ponga a punto su vehÃculo y dispóngase a iniciar el recorrido.
Tomamos AlmerÃa como inicio de ruta, saliendo de ella hacia el norte, por la carretera de Ronda. Atrás quedan las últimas barriadas de la ciudad y frente a nosotros, tras sobrepasar unos cerros, aparece en toda su amplitud y verdor, la vega. Numerosas edificaciones salpican este espacio con elevado grado de antropización. Enseguida llegamos a Huércal de AlmerÃa, antiguo arrabal de la capital.
Imbuida en un medio agro-industrial, esta localidad esconde una iglesia del siglo XVIII con imaginerÃa de Salcillo. Si ha decidido detenerse, acérquese a ver la espléndida fachada de su biblioteca y las antiguas casas señoriales que adornan sus calles.
Continuamos viaje, disfrutando de este paisaje de palmeras, naranjos y toda suerte de árboles ornamentales, que convierten al cauce del rÃo, más que en huerta, en un maravilloso jardÃn. A un lado aparecen las estribaciones de Sierra Alhamilla con Pechina agazapada en sus laderas, mientras poco más adelante, surgen las primeras edificaciones de Benahadux, en la orilla derecha del rÃo. Siguiendo nuestra tradición viajera, entramos para detenernos y tomar un café, a la vez que preguntamos por su Museo Arqueológico. Le diremos que su encargado es D. Manuel Salas Barón y que si quiere conocer las huellas de nuestro pasado, puede invitarlo a que le acompañe en su visita. Si lo ha conseguido, ¡Enhorabuena!. Va a disfrutar del mejor guÃa y experto de todos los alrededores.
Dirijámonos al museo, cercano a la carretera y dejemos que su fundador y director nos guÃe por sus sugerentes vitrinas. Quizá le sorprenda la calidad de sus cuencos, vasos y recipientes. Efectivamente. Está viendo reproducciones, pero muy peculiares. Este amante de la arqueologÃa -totalmente autodidacta- que tiene a su lado, se empeñó, hace tiempo, en descubrir las técnicas más secretas de modelado y cocción de nuestros antepasados. Desde entonces, se dedica a la investigación y a la realización de estas piezas únicas en el mundo. Él mismo busca la arcilla, la mezcla, la colorea, la moldea y la cuece en horno subterráneo al igual que los primitivos pobladores de estos lugares. Tal es su calidad que le demandan objetos desde museos y salas de exposiciones.