03 de septiembre de 2010
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LOS PUEBLOS DE ALMERÍA
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Adra

Adra es, desde un punto de vista histórico, el pueblo más importante de la provincia de Almería. Ciudad llena de historia marinera y minera, la fundación de Adra data de la segunda mitad del siglo VIII antes de Cristo, hace, pues, casi tres mil años. Su fundación se debió a los marineros fenicios que surcaban el Mediterráneo aportando sabiduría y estableciendo la primera gran cultura comercial de nuestra historia.

Adra, como ciudad del Poniente almeriense que es, vive ahora una nueva epopeya, la de los cultivos intensivos, y lo que en tiempos fue un paisaje marcado por la industria y sus sólidos muros lo es hoy por los invernaderos y sus paredes de plástico, que crecen por todo el término municipal y dominan el panorama desde la sierra, hasta el punto de llegar a rodear la misma Albufera, con el consabido peligro para el equilibrio de su ecosistema. Con unas cotas de crecimiento muy elevadas, Adra ha encontrado su lugar en esta rentable agricultura moderna que ocupa ya cerca del 90% de la superficie agrícola y que está operando de motor económico de un municipio que reconstruye el bienestar y la pujanza que por tres veces perdió a lo largo de su muy dilatada historia.

Pero, junto a ello, se consolida y hasta avanza la actividad pesquera que siempre tuvo su puerto y se afirma una tradición que nunca perdió el pueblo, el de la industria conservera.

Lo primero que salta a la vista es el esplendor de los siglos XVIII y XIX, y no sólo por los restos de los complejos industriales, sino por el aspecto que confieren a Adra las diversas casas señoriales que encontramos en la avenida principal, la espléndida calle de Natalio Rivas, el subsecretario de Instrucción Pública de principios de siglo que estuvo vinculado desde su infancia al pueblo, y que traen a la imaginación la Adra azucarera y minera, entre neocolonial y andaluza, a la que el mucho dinero circulante dió aspecto de una auténtica ciudad que Pedro Antonio de Alarcón definió entre "cubana, inglesa y berberisca". Casas como la del Santo Cristo, o la de los Gnecco, o la del Marqués de Valdecañas marcan una impronta que, junto al trazado de la misma calle principal y las adyacentes, al amplio puerto y a los restos de las fundiciones hacen a Adra diferenciarse nítidamente de casi todos las demás poblaciones de la provincia, siendo, con Almería capital, la de mayor entidad urbanística.

Interesantes son, también, algunos de los edificios de carácter religioso, en especial la Iglesia parroquial, de tres naves, que fue seriamente dañado por el teremoto de 1804 y tuvo que ser restaurado.

La Iglesia de La Alquería, por su parte, data del siglo XVIII y sustituye a la anterior, de mediados del XVI, que había resultado seriamente dañada durante la rebelión de los moriscos. Interés tienen, igualmente, las ermitas de San Sebastián (cuya portada es considerada parte de la primitiva ermita, que databa de finales del XVI, y delante de la cual está, enterrada, la factoría de salazones de Montecristo) y de San Isidro, de la segunda mitad del XVIII.

Pero Adra no sólo cuenta con patrimonio histórico que nos habla de su larga vida, sino también con un importante patrimonio natural, en especial el paraje de Las Albuferas, de gran valor ecológico y de gran belleza paisajística, pese al auténtico asedio al que están sometidas por los invernaderos. Formadas a consecuencia de los sedimentos depositados por el río, dichas lagunas costeras (la última de las cuales data del presente siglo, la Albufera Nueva) albergan interesantes especies de plantas acuáticas como la Najas marina y de vegetación palustre que las rodea, como la Juncia, la Enea y la Castañuela en las zonas más próximas al agua y los Juncos, la Cañavera y el Taray en las periféricas.

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