Padules conserva una caracterÃstica especial entre los pueblos del Alto Andarax, su vega, unas ricas hectáreas de cultivo que en su dÃa produjeron uva de mesa que hoy está siendo sustituÃda por la uva para vino, con lo que este pequeño pueblo entre sierras participa de la reconversión de uno de los productos históricos de la agricultura almeriense, la que enriqueció a principios de este siglo a toda la comarca y la que la sumió, décadas después en una larga crisis de la que sólo ahora empieza a salir.
Pueblo limpio, cuidado, levemente escalonado hacia la iglesia que lo domina, Padules tiene un entorno natural que constituye, problamente, su mayor atractivo junto a la ya nombrada iglesia, de estilo mudéjar y y caracterizada por una austera sencillez que impresiona y atrae por sà misma y por el contraste de sus muros terrosos y pardos con el blanco de su má sinmediato entorno.
Padules, que comparte los rasgos esenciales de la intensa y a menudo dramática historia comarcal, ofrece un perfil más moderadamente árabe que el de los pueblos de su entorno, como corresponde a su situación en el llano, y presenta un aspecto menos monumental que Beires o que Almócita, como si quisiera subrayar su pasado más directamente ligado a la producción agrÃcola y quisiera, igualmente, llamar la atención sobre la vega que marca su existencia y su más profundo carácter, mucho más de campo que, como el resto de los pueblos de la comarca, de montaña.