Huécija es el pueblo de perfil urbanÃstico más castellano de toda la comarca, como corresponde al hecho de su capitalidad de señorÃo a lo largo de casi medio milenio. De origen romano, dada la proximidad a Marchena y su importante villa, datan sin embargo de época musulmana las primeras noticias que existen sobre el pueblo. Asentamiento árabe a finales ya del siglo IX, fue uno de los diez pagos que formaron la taha de Marchena y, tras la Reconquista, ostentó la capitalidad del señorÃo de Cárdenas y alcanzó la categorÃa de villa. De principios del siglo XVI data su principal monumento, el convento de los Agustinos, una construcción de canterÃa con una torre que le confiere estructura de atalaya y que es una de las más interesantes torres de la provincia. Saqueado por los moriscos durante la guerra de las Alpujarras, el complejo del convento fue reconstruÃdo en el XVIII y domina, imponente, la visión del pueblo. También del siglo XVI es la iglesia de la Encarnación, de estilo mudéjar, pero con posteriores añadidos barrocos y neoclásicos.
La aristocrática Hiécija fue siempre una villa agrÃcola, primero con la estructura productiva caracterÃstica de la España árabe (maiz, frutales, hortalizas, lino, cáñamo, moreras y, en secano, cereales y leguminosas), y, tras la Reconquista, fundamentalmente de los cultivos de secano, aunque el rasgo más especÃfico del pueblo fue, durante los siglos XVII y XVIII, su mercado de caballerÃa y de animales domésticos, que se extiende hasta mediados del XVII, cuando se inició el auge de la uva.
Pueblo en el que se advierte una clara vocación de capitalidad pese a su pequeño tamaño, la parra sigue siendo su principal cultivo, aunque la importante presencia de cÃtricos diversifica su oferta agrÃcola, y, además, preanuncia ya el paisaje del Bajo Andarax.