Alhabia es un pueblo entre dos rÃos, lo que significa que un pueblo de intensa historia, como es caracterÃstica de los lugares que son encrucijada de aguas y caminos.
A su posición entre dos valles debe la importancia que alcanzó en los inicios del domino árabe, cuando la alquerÃa recién creada estuvo abundantemente protegida, según atestiguan documentos de le época y los restos las torres que nos han llegado. Al encuentro de los rÃos Nacimiento y Andarax, que formaban un lago en su confluencia, debe su pronta importancia que anaño tuvo en el mundo ganadero provincial, porque la facilidad de abrevadero favoreció la instalación en ella de una feria de animales. Y a la tierra arcillosa de entrerrÃos debe uno de los rasgos que más han pervivido de su historia, la alfarerÃa de cuatro colores que ha llegado prácticamente hasta nuestros dÃas.
De intensa vida agrÃcola, ganadera y artesanal en épocas de Al Andalus, su historia posee los rasgos esenciales que caracterizan la comarca del Andarax, y como ella sufrió una difÃcil castellanización y dos profundas crisis, una tras la expulsión de los moriscos y, siglos más tarde, otra tras el hundimiento de la exportación uvera que marcó los finales del XIX y los principios del XX.
Es precisamente en esta época cuando Alhabia astrechó su ligazón a los pueblos del Andarax, con los que la une el tipo de desarrollo impuesto por la burguesÃa ilustrada, que se acentuó a medida que crecÃa la producción uvera. De principios del XIX data su iglesia, de clara influencia neoclásica y una de las más importantes de la comarca, y de la segunda mitad del mismo siglo el curioso edificio neoárabe conocido por La Mezquita y algunas casas burguesas que hablan de por sà del desarrollo alcanzado en aquellos momentos de euforia productivo, entre las que destaca la situada frente a la farmacia, que luce en la actualidad un monumento a la mujer del farmacéutico rural, obra del conocido escultor Santiago de Santiago.
Población en cuesta que parece envolverse sobre sà misma a medida que trepa hacia el cerro, Alhabia tiene, tras los naranjos que dominan su campo, un precioso perfil y encierra abundantes sorpresas que hacen de ella uno de los pueblos más atractivos de la doble comarca (la del Nacimiento y la del Andarax) a la que pertenece.