11 de septiembre de 2010
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LOS PUEBLOS DE ALMERÍA
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Huércal Overa

Si hay en la provincia de Almería un pueblo con hechuras de ciudad, éste es Huércal-Overa. Situado a levante de la provincia, limítrofe con Murcia, Huércal-Overa es tierra de frontera, tierra que ha participado siempre de la más rica experiencia del ser humano, la de participar, al tiempo, de culturas distintas. Huércal-Overa lleva a sus espaldas, en efecto, una densa biografía que se pierde en los tiempos y que, además,se ha desarrollado en una tierra que ha tenido el privilegio de ser varias veces a lo largo de su historia puente de civilizaciones.

La actual Huércal-Overa puede iniciar, su singladura ya en época árabe, cuando, tras la sequía que, en tiempos de Abderramán II, despobló el levante andaluz, una repoblación hiciera nacer los asentamientos de Guércal y de Overa, donde se establecieron sendos castillo: el de Guércal en la estribación última de Sierra Almagro y despeñado sobre un precipicio de doscientos metros; el de Overa en la cima de La Sierrecica, el actual Castillo de Santa Bárbara. Ambas fortalezas formaban parte, parece ser, de una estructura de comunicación y defensa que penetraba, hasta Serón, por todo el valle del Almanzora.

La actual Huércal-Overa adquirió su definitiva planta a finales del XIX, tras una décadas de expansión y construcción de edificios públicos que demostraban la pujanza del pueblo y que le dieron la atractiva imagen que hoy, en plena expansión, conserva, y cuya primera característica es la de los aires de ciudad que tiene, sin duda uno de los más acusados de la provincia. Organización, limpieza y evidente rasgos de grandiosidad arquitectónica y urbanística marcan esta villa de ademanes suntuosos y de ambiente refinado.

La iglesia de la Asunción (de principios del XVII y de enorme amplitud), el Pósito (en la actual Plaza de la Constitución), el interesante edificio del Ayuntamiento (en su momento Palacio de Justicia y cárcel), el Palacete de las Cuatro Torres (de aire modernista) suman su belleza y gandiosidad al castillo árabe que domina desde las alturas y desde la historia el pueblo y a la planta misma de la villa que, más que ninguna otra de la provincia, le presenta al viajero una estructura vial en la que prevalece la amplitud de avenidas, paseos, alamedas y zonas para el recreo, como su Parque, además de un ambiente y unos servicios que explican por sí solos la vocación de crecimiento y superación que siempre han tenido los huercalenses .

Una interesante huerta, con el sello del levante murciano, da especial interés al campo de Húercal Overa, tierras fértiles del llano que producen una fruta de primerísima calidad, base de una economía muy productiva y actualmente en fuerte expansión en la que la ganadería está tomando mucho auge; una no menos interesante subida a la Sierra de las Estancias por Santa María de Nieva (una pedanía de bello paisaje circundante que preanuncia, en los primeros repechos de subida a la sierra y el puerto del mismo nombre, la atmósfera de los Vélez y que nos ofrece una interesante iglesia del XVIII); y una Semana Santa que vive el pueblo con la mayor intensidad y en la que Negros, Blancos y Morados rivalizan por protagonizar un espectáculo grandioso (probablemente el principal de la provincia) son otros importantes reclamos para un viajero que debería parar, porque Huércal-Overa, sus hechuras y su ambiente merecen un alto en el camino.

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