A muchas personas les suena Purchena, aunque sea por aquellos de que una de las antiguas puertas de la ciudad de AlmerÃa "la más importante" fuese llamada con este nombre, lo que es sin duda indicativo del papel que tuvo Purchena en el pasado. Y es verdad, Purchena es una de las más preciadas y veneradas joyas de nuestra provincia. Villapalos la denomina «la perla del Almanzora».
La ciudad de Purchena es en la actualidad un pueblo maravilloso y tranquilo de 56,8 km2 y unos 1.700 habitantes. Su densidad poblacional apenas rebasa los 30 hab./km2. Se sitúa en el corazón de la cuenca del Almanzora, rodeada de huertas y resguardada por las ruinas de su vieja alcazaba islámica. Sus gentes son hospitalarias, sus mujeres bellÃsimas, sus rincones entrañables. Nadie es forastero en Purchena, allà se siente cualquiera en tierra propia. De hecho, comúnmente se conoce a Purchena también por los epÃtetos de «ciudad abierta y cautivadora», porque el que la visita una vez, después volverá muchas.
Purchena es, desde siempre, una de las grandes villas de nuestra provincia. Lo fue ya en la Prehistoria, cuando existÃa en el pago llamado de Los Churuletes una ciudad murada con necrópolis de la que nos han llegado vasos campaniformes, estatuillas de pizarra y mármol, hachas, vasijas, punzones, etc., objetos que hablan del nivel de desarrollo alcanzado por el valle del Almazora y, en concreto, la zona de Purchena hace casi cinco milenios. Y lo fue en época romana, como atestiguan las villas que se han encontrado en la ladera izquierda de la rambla de HuÃtar, en Onegas, o las columnas estriadas que, pertenecientes a algún templo no identificado aún, podemos encontrar en algunos domicilios del pueblo.
Y Purchena fue especialmente la gran ciudad del Almanzora en la época árabe, tras su fundación, hacia el año 900, por el emir de Córdoba, que habÃa mandado destruir la rebelde de SomontÃn. La nueva Hins Burxana fue una ciudad de floreciente comercio y de destacado ambiente cultural cuyo alcaide Ibrahim Abenidir se negó, tras la toma de Baza en 1489 y la consiguiente rendición del Almanzora, a aceptar los presentes de los Reyes Católicos y optó por partir al exilio africano al frente de sus fieles.
La Purchena árabe que recibió en persona Isabel la Católica resurgió de las cenizas, y tras casi un siglo de creciente represión, con la rebelión de los moriscos, cuando Abén Humeya convocó en el verano de 1569 unos juegos atléticos y musicales en los que participaron representantes de todas las comarcas rebeladas asà como soldados llegados de algunas plazas del norte de Africa. Actualmente, se celebran todos los veranos unas jornadas culturales y deportivas en conmemoración de aquella curiosa actividad con la que, en su dÃa, se celebró la libertad recobrada, aunque inmediatamente vuelta a perder y definitivamente cortada de raÃz con la expulsión y deportación de los moriscos.
Purchena cuenta con un rico legado islámico, coronando el pueblo se sitúa la alcazaba. Ascendiendo hasta ella por la plazoleta de la iglesia, lo primero que nos encontramos es un bonito aljibe hispanoárabe y la Torre del Agua (maravilla de las maravillas por sus soluciones arquitectónicas y funcionales), que técnicamente es más bien una torre coracha, en cuyo interior existe un manantial de agua potable del que abastecÃan la fortaleza y los barrios de la ciudad. En la parte más alta del monte se localizan casi una veintena de torretas defensivas y una porción bastante grande del primitivo lienzo de la muralla. En el centro de la explanada, junto a la ermita de la Virgen del Carmen y la estatua del Corazón de Jesús, se conservan otras dos edificaciones árabes: un aljibe y un baño.
El legado islámico se complementa con la visita al Museo Municipal de ArqueologÃa Islámica, que guarda varias maqabirillas de mármol, vasijas decoradas de todos los estilos del perÃodo y muchos otros objetos procedentes de excavaciones en la Alcazaba y de hallazgos fortuitos en el barrio viejo del pueblo.
Del legado cristiano merece la pena la visita a la iglesia de San Ginés, cuya construcción se inició en 1550 por el famoso arquitecto renacentista Juan de Orea. Desde 1983 está declarado Monumento Histórico-ArtÃstico por la Junta de AndalucÃa.